El suplicio más cruento que sufrió Jesús fue el de tener que producirse Él mismo dolores de paroxismo para poder respirar. Los pies de Jesús fueron clavados con un solo clavo, obligándolos a girar de forma que el punto de apoyo (el clavo) fue el del momento de vencimiento; en cuanto Jesús se apoyó en sus pies para respirar, su peso provocó la torcedura, el esguince de las articulaciones (flechas amarillas) y luego la dislocación de los huesos del tobillo del pie derecho (flechas rojas). En la Sábana se ve cómo las partes afectadas por muy notable inflamación son las de los tobillos que aparecen deformados, no los empeines perforados. De que Jesús llegó hasta la dislocación lo confirma que en la Sábana aparezcan, a la vez, las heridas de las pantorrillas (flechas naranja) y la planta del pie derecho, ambas por contacto directo con la Sábana en el plano de la losa funeraria. |
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