| Es muy posible que Verónica siguiera viviendo fuera de la ciudad –después de 12 años de aislamiento, difícilmente se habría podido volver a acostumbrar a la convivencia familiar; y para la familia, ella también les resultaría casi una extraña; y aún quizá el esposo le habría extendido ya libelo de divorcio–, consideraría que eso le facilitaba preservar en secreto los objetos que sustraería del sepulcro. | ||
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Apenas habría tomado el Sudario puesto aparte y lo habría recogido con la Sábana que ya contenía todos los objetos, cuidándose de no ser vista al salir del Sepulcro, pues incurría en una nueva infracción. Al llegar a su habitáculo habría extendido la Sábana, y, ante sus ojos, apareció la imagen de Jesús de Cuerpo entero, de frente y de espalda; y luego, al desdoblar el Sudario, habría visto el Rostro dolorido del Señor.
Verónica no pudo ocultar la maravilla, pero al divulgarla, hizo aún más patente su falta de fidelidad a la Ley, y provocó que, por burla, le pusieran por mote La Verónica (la del verdadero icono o la de la verdadera imagen), pues sólo el escarnio pudo ser la razón de ese apodo en una sociedad en la que la Ley prohibía hacerse imagen de cuanto hay en cielo, tierra y abismos. |
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