El apodo de La Verónica02/04/2009inicio|anterior|siguiente
Es muy posible que Verónica siguiera viviendo fuera de la ciudad –después de 12 años de aislamiento, difícilmente se habría podido volver a acostumbrar a la convivencia familiar; y para la familia, ella también les resultaría casi una extraña; y aún quizá el esposo le habría extendido ya libelo de divorcio–, consideraría que eso le facilitaba preservar en secreto los objetos que sustraería del sepulcro.
Apenas habría tomado el Sudario puesto aparte y lo habría recogido con la Sábana que ya contenía todos los objetos, cuidándose de no ser vista al salir del Sepulcro, pues incurría en una nueva infracción. Al llegar a su habitáculo habría extendido la Sábana, y, ante sus ojos, apareció la imagen de Jesús de Cuerpo entero, de frente y de espalda; y luego, al desdoblar el Sudario, habría visto el Rostro dolorido del Señor.

Verónica no pudo ocultar la maravilla, pero al divulgarla, hizo aún más patente su falta de fidelidad a la Ley, y provocó que, por burla, le pusieran por mote La Verónica (la del verdadero icono o la de la verdadera imagen), pues sólo el escarnio pudo ser la razón de ese apodo en una sociedad en la que la Ley prohibía hacerse imagen de cuanto hay en cielo, tierra y abismos.