Un providencial tesorero para la Sábana22/05/2009inicio|anterior|siguiente
Al llegar a Edessa, Verónica se entera de lo que refiere el libro de la Doctrina de Addai: Que a su regreso luego de ser enviados a Sabino, senador romano, tres servidores de Abgar vieron a muchos hombres en ruta a Jerusalén, para ver a Jesús; deciden ir y seguir a Jesús por diez días. De vuelta en Edessa, Hanan refiere a Abgar lo que han visto de Jesús, de modo que Abgar envía a Hanan de vuelta a Jerusalén, con una carta para Jesús donde reconoce su origen divino, le pide que lo cure y le ofrece asilo en Edessa. Que Jesús le respondió que su misión llegaba a su fin, pero que iría un discípulo suyo, mediante el cual Abgar obtendría salud y bendiciones. Y que entonces Hanan retrató a Jesús para mostrárselo a Abgar. Que al enterarse de las cosas que hacía Addai, recién llegado a Edessa, Abgar reconoce en él al discípulo prometido por Jesús, lo manda llamar y por su medio Abgar recupera la salud, y al escuchar su prédica se había hecho cristiano y había financiado a Addai para fundar un templo dónde adoctrinar. Para Verónica esto resultó providencial, pues Abgar cubría el perfil para atesorar la Sábana y enviar por el Sudario: era rey, de modo que tendría medios para enviar por el Sudario; había sido conquistado por Jesús, de modo que apreciaría el justo valor de los mantos. Esto era lo que había pedido en sus plegarias, pues si el rey Tito había ido a Jerusalén con Vespaciano, y el emperador Tiberio había enviado a Jerusalén a su representante personal, Velosiano, para arrebatarle la Sábana, no iba a dejar la Sábana con cualquiera que no pudiese asegurar su preservación.

Entonces pintó los cuadros superiores de la llamada “Tabla de Edessa”, cuyas pinturas se dataron como del siglo X y se adjudicaron a la “leyenda” de Abgar, pero no es así. Procedamos a su análisis.