El primer caso difícil de Judas Tadeo22/05/2009inicio|anterior|siguiente
Inmediato a la muerte de Verónica llegaron a Edessa Judas Tadeo y Simón el celota o el cananeo, que por entonces recorrían Mesopotamia predicando. Entonces Abgar, entusiasta, participó a los Apóstoles su posesión de la Sábana legada por Verónica y su encomienda de enviar por el Sudario a Jerusalén.

Judas reaccionó de inmediato –Simón era más reflexivo y menos fogoso– apelando a su autoridad apostólica le exigió a Abgar que confinara la Sábana, pues –según la cultura judía que lo constituía persona– era una mortaja contaminante, y que por eso mismo desistiera de enviar a su emisario a Jerusalén por el Sudario –es probable que Judas fuera uno de los que exigía a los conversos circuncidarse, cuestión que repelerá Pablo y que se definirá según el criterio de el de Tarso en el primer Concilio de Jerusalén–. Con gran pesar, pero agradecido por la salud recibida mediante Addai y en su calidad de catecúmeno, el rey armenio acató la orden del primo del Señor: arrolló la Sábana y la metió dentro de un jarrón que mandó colocar en el nicho sobre la puerta occidental del muro que circundaba Edessa y mandó tapiar el nicho. De ahí se recuperaría 500 años después, desconocido ya su origen, cuando se demolió esa parte del muro para respetar el cauce del torrente y solucionar así las inundaciones que por entonces aquejaron la ciudad y marcaron la Sábana.

Que siendo rey Abgar renunciara a tan valiosas prendas e incumpliera su palabra empeñada a La Verónica por obedecer a Judas Tadeo, le demandó una gran humildad, que no pasó inadvertida para Judas, que afrontó su primer caso difícil y por el cual se asumía responsable: consolar a Abgar, en profunda depresión por este motivo.