Conclusiones sobre La Verónica27/05/2009inicio|anterior|siguiente




























Verónica es quien ayuda a José de Arimatea y Nicodemo a dar sepultura a Jesús, haciendo las operaciones de mayor riesgo de contacto que acarrea impureza. Y quien rescata todos los objetos del Sepulcro, entre ellos la Sábana y el Sudario.
Para mofarse de la mujer no temerosa de la Ley de Moisés, le ponen el apodo de La Verónica.
El libro Vindicatis Salvatoris narra una historia verdadera, a la que se adicionó una leyenda propiciada por la coincidencia de los nombres de dos personajes: Tito y Vespaciano, con los de los militares romanos que llevaron a cabo la caída de Jerusalén y el sitio del Massadá.
La Verónica es la mujer hemorroísa que sanó al tocar la orla del manto de Jesús, según narra en su Evangelio Nicodemo, que la mujer atestigua ante Pilato.
Las inscripciones halladas en la Sábana se corresponden a la certificación-juramento que hace el enviado del emperador Tiberio, Velosiano, realizada en el momento que le confisca la Sábana a La Verónica. La certificación-juramentación fue atestiguada y firmada por tres testigos de alto rango, diferente nacionalidad y continente: Tito, rey de Aquitania, africano; Natán, embajador judío, asiático, y el jefe militar romano Vespaciano, europeo.
La huella del leptón hallada por el P. Francis Filas, SJ, es el sello del anillo de Velosiano, con el cual confirma la certificación de autenticidad de la Sábana y su juramentación.
Verónica es aceptada en la comitiva de Velosiano al regresar a Roma, porque éste teme que la encomienda de Tiberio sea una trama para deshacerse de él: podrá presentar ante Tiberio a la mujer que rescató los mantos del Sepulcro.
Muerto Tiberio, Verónica le pide la Sábana al asesino de éste y nuevo emperador, Calígula, quien se la reintegra.
Verónica regresa por tierra a Jerusalén pero en Edessa la sorprenderá la muerte. Antes de morir pide al rey Abgar atesorar la Sábana y le solicita envíe a alguien a Jerusalén para rescatar el Sudario, el cual lo ha dejado encargado con Nicodemo.
La Tabla de Edessa conservada en el Monasterio de la Transfiguración, y que hasta ahora se ha creído que refiere la leyenda de rey Abgar, es en realidad el Códice elaborado por La Verónica para referirle a Abgar su historia y su solicitud de enviar por el Sudario, y como un propio que Nicodemo habría de reconocer, para entregar el Sudario. Los personajes pintados en los dos cuadros superiores del Bíptico de Edessa son, respectivamente, Calígula y Nicodemo. Las pinturas de los cuadros inferiores del Bíptico de Edessa son posteriores y de otra factura, coloración y temple, lo que hace que la Tabla de Edessa se date como del Siglo X.
Verónica habría aprendido pintura en Villa Jovis, mientras esperaba la ocasión de recuperar la Sábana. Es también la autora del Jesús en la pintura Traditio Legis, de la Catacumba de san Marcelino y san Pedro, en Roma.
Muerta Verónica, Judas Tadeo le exige a Abgar confinar la Sábana, pues es una tela contaminante; y por lo mismo, que se desista de enviar por el Sudario. Abgar obedece pero le desconsuela renunciar a ambas telas e incumplir la última voluntad de Verónica.
Judas Tadeo lo compensa con el Mandylion con el Acheiropoieto, que milagrosamente aparece en su taled, y exige sigilo a Abgar y a su corte, respecto al destino de la Sábana, respecto al Sudario, respecto a La Verónica y respecto al Mandylion, lo que provocó que los hechos, conocidos en forma fragmentada, se confundieran y adicionaran a la historia de Abgar y Addai.